Un jinete experto y amigo de su caballo puede detectar que algo va mal con solo echar un vistazo al animal.

Sin embargo, además de nuestro instinto, debemos poseer unas nociones básicas sobre los posibles síntomas que alerten sobre que algo no va del todo bien. Pues es bien sabido que un diagnóstico precoz (cuando la prevención no ha sido posible) aumenta significativamente la probabilidad de un buen pronóstico.

Los consejos que os daremos a continuación no sustituyen a los conocimientos de un veterinario, sino que son un paso previo antes de solicitar su ayuda.

¿En qué nos debemos fijar?

  • Hábitos alimenticios: Si nuestro caballo es un buen comedor y de repente pierde el apetito y empieza a rechazar la comida estamos ante un síntoma bastante significativo de que algo no va como debería.
  • Conducta: Un cambio en el comportamiento del caballo también puede ser un síntoma a tener en cuenta. Por ejemplo, si se trata de un animal enérgico, alerta e impetuoso y lo encontramos apático; también podría ocurrir lo contrario.
  • Heces: La alteración de la forma, consistencia y color de los excrementos, o bien una variación en la frecuencia de deposición, pueden ser otros signos de alerta.
  • Extremidades: La sensación de calor o la hinchazón puede ser síntomas de algún problema en los tendones. También debemos preocuparnos si observamos cojera.
  • Otros indicadores: Tos, descargas nasales o la capa pálida.

¿Cómo podemos medir estas alteraciones?

  • La temperatura del caballo se ha de medir introduciendo un termómetro clínico en el recto, sujetando la cola para impedir que se lo saque y hacer una buena medición. Para ello conviene haber practicado antes, cuando el caballo se encuentra bien, para mayor precisión y rapidez en la lectura. La temperatura normal del caballo ronda los 38 ºC
  • El índice cardíaco se mide con un estetoscopio; como probablemente no tengas uno, puedes contar las pulsaciones de tu caballo colocando un dedo (que no sea el pulgar, pues podrías confundirte con tu propio pulso) sobre la arteria situada a medio camino del extremo inferior de su mandíbula. Lo normal son 40 pulsaciones por minuto; si supera las 60 pulsaciones por minuto se trata de un síntoma preocupante. Esta medición, como las demás, también la debemos practicar mientras el caballo esté sano para ganar destreza.
  • El índice respiratorio del caballo en reposo es de 8 a 16 respiraciones por minuto; pero hay que tener en cuenta que, al igual que los seres humanos, los caballos también pueden tener ritmos cardíacos defectuosos o soplos. Las respiraciones se contabilizan observando los costados del caballo.
  • En el caso de la cojera, la podemos detectar observando como se aleja y como se acerca el caballo trotando. Debemos vigilar también si se hunden los cuartos traseros o si hace algún gesto con la cabeza cuando una pata toca el suelo (será la otra pata la que cause el malestar) que pueda ser indicativo de dolor.

En el caso de haber adquirido un caballo debemos conocer bien desde el primer día si tiene cicatrices, agrandamientos de hueso o alguna peculiaridad física que nos pueda confundir en el futuro. Del mismo modo que, ya sea comprado o descendiente de otro, debemos conocer las características de nuestro caballo que se salgan de la norma para poder distinguir un síntoma alarmante de una simple variante de la normalidad.

Es importante tener siempre a mano un botiquín de primeros auxilios.

Insistimos en que la última palabra la tiene el veterinario, y ante la mínima duda debemos contactar con un especialista. ¡Siempre es mejor ser precavidos y pecar de llamarlo de más que de menos!

Cristina

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