Como siempre, el tiempo juega a nuestro favor cuando se trata de abordar una alergia. Por eso, no está de más recalcar la importancia de reconocer los síntomas en las etapas iniciales para poder actuar antes de que el problema se agrave. Los indicios más frecuentes, que desgranamos a continuación, son dérmicos, digestivos, respiratorios o conductuales.
Síntomas dérmicos
Las reacciones en la piel suelen ser las primeras en manifestarse y las más fáciles de identificar, ya que saltan a la vista. Por eso, son útiles como signos de alerta temprana que hagan pensar en una posible alergia alimentaria.
En este grupo sintomatológico, se encuentran las siguientes afecciones:
- Urticaria: son pequeños bultos de forma redondeada que pueden aparecer y desaparecer en horas o días.
- Costras o calvas: se trata de zonas donde el pelaje presenta postillas o una caída de pelo que deja expuesta la piel del caballo. Estas costras o calvas son el resultado de una inflamación o irritación continuadas.
- Inflamación localizada: a veces se produce un proceso inflamatorio que afecta a los párpados, belfos o extremidades del equino.
- Picazón intensa: también es habitual que el animal sienta un gran picor que le lleve a rascarse contra objetos (troncos, vallas, esquinas…), usar su cuerpo para frotarse o incluso morderse repetidamente.
Síntomas digestivos
Las señales de tipo digestivo nos indican cómo responde el sistema interno del caballo a la alergia. Las más frecuentes son las siguientes:
- Diarrea intermitente o heces blandas que no guardan relación con un cambio significativo en la dieta.
- Cólicos leves pero recurrentes.
- Pérdida de peso o mala condición corporal.
- Distensión abdominal constante o formación excesiva de gases.
En los dos últimos casos, las causas son una inflamación intestinal que dificulta la absorción de nutrientes —lo cual impide su aprovechamiento por parte del caballo— o una fermentación anormal de los alimentos en el intestino.
Síntomas respiratorios
Este último grupo sintomatológico quizás aparezca con menos frecuencia y es fácil asociarlo a una infección, por lo que es fundamental tener en cuenta hasta el más pequeño cambio en la alimentación. En cualquier caso, conviene prestar atención a estas señales de alerta:
- Tos recurrente o seca, sobre todo durante el ejercicio o inmediatamente después.
- Secreción nasal acuosa o mucosa que, aunque es transparente, aparece de forma persistente.
- En los casos más severos, el caballo también puede presentar dificultad respiratoria o sibilancias.
Síntomas conductuales
Las alergias también se pueden manifestar en forma de alteraciones conductuales, que no son otra cosa que la respuesta del caballo al malestar físico que siente. Así, el caballo podría estar irritable o nervioso debido al dolor abdominal o prurito, distraerse con facilidad o mostrarse inquieto durante el trabajo, perder el interés por el ejercicio, dejar de relacionarse con otros equinos o bajar su rendimiento deportivo.
Estos cambios en el comportamiento, si se valoran en conjunto con los posibles indicios físicos, nos pueden dar una pista importante a la hora de detectar alergias alimentarias.
¿Cómo se diagnostica una alergia alimentaria?
El diagnóstico de alergias alimentaria en caballos es complejo y siempre debe ser supervisado por un veterinario, puesto que algunos síntomas son comunes a otras enfermedades. Solo un profesional será capaz de valorar el conjunto e interpretar los resultados correctamente.
Si bien los análisis de sangre que miden los anticuerpos frente a una serie de alérgenos y las pruebas intradérmicas son dos de los métodos diagnósticos habituales, el más fiable es la dieta de eliminación.
Tal como su nombre indica, la dieta de eliminación consiste en retirar de la alimentación del equino todos los ingredientes susceptibles de provocar una alergia. Durante varias semanas, se le proporciona una dieta básica para después reintroducir cada uno de los ingredientes por separado cada 1-2 semanas, a fin de observar la respuesta del caballo tanto a nivel físico (dermis, respiración, digestión) como conductual. La reaparición de los síntomas durante este proceso apuntará a una posible alergia al nutriente recién introducido.
Este método de diagnóstico es lento y debe realizarse de forma minuciosa. La mejor manera de evitar descuidos que puedan alterar los resultados es llevar un registro escrito de cada alimento que se reintroduzca (cuál y cuándo) y cada reacción que se observe. Una vez más, el veterinario es quien debe guiar el proceso, evaluar la respuesta del caballo y determinar la mejor estrategia de manejo.
Si tienes un caballo alérgico o con necesidades dietéticas específicas, no dudes en contactar con nosotros. Los mueslis de Kelpies se pueden formular a medida para que tu caballo disfrute de una dieta equilibrada y segura, sin los alérgenos que dañan su sistema inmunitario.
