El equivalente en inglés a la frase «estar sano como una manzana» resulta irónico para cualquiera que conozca un poco al noble animal que menciona: «as healthy as a horse», cuya traducción sería «estar sano como un caballo».

Parece que esta expresión inglesa tiene su origen en el siglo XIX, cuando los caballos se consideraban símbolos de buena salud por su fuerza, vigor y resistencia. Sin embargo, confunde su potencial físico con su salud, que es bastante delicada. Los equinos no solo son muy sensibles a los cambios en su dieta o las variaciones climatológicas bruscas, por ejemplo, sino que además son bastante propensos a lesionarse. Un caballo que nunca ha tenido un cólico o una cojera es casi casi un rara avis.

veterinario caballoLas lesiones óseas que conllevan fracturas son quizás las menos habituales, ya que suelen implicar un accidente aparatoso, pero las que afectan al sistema musculoesquelético o el casco son relativamente frecuentes.

Entre las musculoesqueléticas, nos encontramos con tendones inflamados, desgarros en ligamentos, distensiones musculares, articulaciones dañadas… Algunas de estas lesiones son «autoinfligidas» debido a golpes fuertes o repetitivos contra superficies duras, a movimientos bruscos en frío o incluso al atrapamiento de una extremidad. Otras son consecuencia de su entrenamiento, ya sea por una sobrecarga de trabajo, por un calentamiento o enfriamiento inadecuados, por la repetición excesiva de un mismo movimiento o por falta de forma física.

Las lesiones del casco, por su parte, también pueden tener su origen en una dieta alta en azúcares, una higiene o un herraje inadecuados o problemas metabólicos. Las más habituales son los abscesos, la laminitis, las fisuras y las contusiones.

En cuanto a la sintomatología, muchas de estas lesiones se manifiestan en forma de cojera, movimientos irregulares o asimétricos, hinchazón, calor en la zona o dolor al tacto. También es frecuente observar cambios de comportamiento durante la monta o pie a tierra.

 Rehabilitación del caballo

En caso de lesión, lo primero es obtener un diagnóstico y tratamiento veterinario. Después, es fundamental hacer una rehabilitación adecuada para reducir las posibilidades de recaída y garantizar una buena recuperación física.

Cuando hablamos de rehabilitación, no nos referimos a reposo en la cuadra ni a vacaciones en el prado. Casi todas las lesiones requieren algún tipo de movimiento y un plan específico que fortalezca gradualmente la zona afectada y mantenga su movilidad, además de evitar que el caballo coja un exceso de peso (lo cual sobrecargaría sus articulaciones) y pierda musculatura en general.

rehabilitacion caballoLa rehabilitación, igual que el entreno, debe ser variada en ejercicios para propiciar una mejora global y minimizar el estrés mental o aburrimiento del equino. Siempre que la lesión lo permita, los paseos del ramal favorecen la circulación, el metabolismo y la condición física general del caballo. Los ejercicios de propiocepción sobre barritas, en pequeñas cuestas o con pads de equilibrio, entre otros, también van a contribuir a un core más fuerte y estable, una pisada más firme y un mayor equilibrio.

Si bien es cierto que muchas lesiones no se pueden evitar, es aconsejable reducir al mínimo las probabilidades de que se produzcan con una actividad acorde a la condición física del caballo, un calentamiento y enfriamiento adecuados, una alimentación personalizada y un buen manejo general. Si, a pesar de todo, se produce una lesión, no conviene pasar por alto ni acelerar la fase de rehabilitación.

 

Estrés económico y emocional del propietario

No hay una lesión igual: algunas se resuelven en un par de semanas y otras se alargan durante meses. No obstante, todas tienen en común un coste económico para el propietario, pues tiene que llamar al veterinario y posiblemente administrar algún medicamento a su caballo (antiinflamatorios o analgésicos, por lo general). También es habitual que haya que hacer curas, vendajes y ejercicios de rehabilitación diarios que conllevan una importante inversión de tiempo.

Así, cuando una lesión se prolonga en el tiempo, no es extraño que el propietario empiece a sentir el peso de la carga emocional. A veces se tarda en llegar al diagnóstico, se crea un bucle de diagnóstico-tratamiento/rehabilitación-recaída y no se ven los resultados de la inversión de tiempo y dinero. Esa dedicación va desgastando al propietario poco a poco, que ya no puede disfrutar de su compañero como hasta entonces y no ve el fin de un proceso doloroso para el animal. Por eso, la empatía y el apoyo del entorno —veterinario, fisioterapeuta, mozo, familia— son fundamentales para ayudarle a pasar el mal trago un poco mejor.

Cristina

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