Durante las semanas de transición del invierno a la primavera, cuando los días se van haciendo más largos y el pasto empieza a abundar, llegan los primeros potros del año y los primeros celos de las yeguas, que se preparan para recibir al semental.

Poco a poco, a medida que se asiente la primavera, veremos los primeros embarazos y las primeras veces de esos potros recién nacidos. Son momentos muy tiernos que requieren una especial atención a la dieta, tanto de la yegua gestante o lactante como del potro, ya que ambos están experimentando un desgaste calórico y nutricional considerable.

La yegua gestante

La dieta de una yegua sana, que ya tenga una alimentación adecuada a base de forraje de calidad y agua fresca, debe mantenerse igual durante los seis primeros meses de embarazo. No es hasta el tercer trimestre que su cuerpo empieza a necesitar más proteínas y minerales quelados (zinc, manganeso, hierro y cobre).

Un poco más adelante, cuando solo falten tres meses para completar la gestación, el potro dará un estirón en el vientre de su madre y su organismo consumirá una gran cantidad de nutrientes para desarrollarse correctamente, por lo que la yegua requerirá también un mayor aporte calórico y vitamínico que le permita hacer frente a esta etapa en condiciones óptimas.

Según se acerque el día del parto, la yegua tendrá menos espacio en su estómago y se llenará antes, así que tendremos que ofrecerle raciones más pequeñas y frecuentes.

La yegua lactante

Tras el parto, la yegua va a seguir necesitando una dosis extra de energía para producir la leche materna. Además, es fundamental que esa leche contenga una serie de nutrientes imprescindibles para que el potrillo crezca sano.

El muesli Mare & Foal de Kelpies aporta todos los nutrientes esenciales a las yeguas que se encuentran en el último trimestre de gestación o amamantando a su cría, y garantiza una leche rica en aminoácidos. Su formulación también es perfecta para potros de 1 a 3 años.

Por eso, en los primeros meses de lactancia, la madre tiene que recibir un mayor porcentaje de proteína, calcio, fósforo y suplementos vitamínicos a través de la alimentación. Solo así podrá producir un alimento enriquecido para su potro.

El potro

El primer alimento que probará el potro recién nacido es el calostro de su madre. De hecho, en el plazo de seis a ocho horas tras su nacimiento, tiene que ingerir entre dos y tres litros de calostro, y no debe tardar más de dos o tres horas en empezar a hacerlo. ¿Por qué? Porque este espeso líquido de color amarillento le transmitirá los anticuerpos que necesita para estar protegido contra infecciones durante sus primeros meses.

A los diez-catorce días, el potro empezará a comer las heces de su madre. Por muy poco apetecible que nos resulte, ese estiércol contiene bacterias que mejoran su microflora intestinal y preparan su intestino para digerir forraje.

Entre las dos y las seis semanas, el potrillo picoteará hierba y es un buen momento para complementar la leche materna con alimentos sólidos que le proporcionen los minerales y nutrientes necesarios crecer sano. Además, como su crecimiento se acelera a partir de los tres meses —justo cuando la madre empieza a producir menos leche—, es recomendable introducir antes un concentrado especial en su dieta de forma muy gradual. No obstante, la leche sigue siendo una fuente inestimable de defensas, proteínas y energía, por lo que lo ideal es alargar el amamantamiento hasta los ocho meses si es posible.

En el primer año de vida, lo más importante es que el esqueleto que sostiene su cuerpo y permite su movimiento (huesos, cartílagos, tendones, articulaciones…) se desarrolle correctamente. Por lo tanto, el potro necesita proteínas, calcio, fósforo y cobre para garantizar que sus huesos, tejidos y músculos se hacen fuertes.

En Kelpies tenemos un muesli específico para esta etapa: Foals. Su fórmula promueve el desarrollo musculoesquelético del potro de los 3 a los 15-18 meses de vida, gracias a un buen equilibrio calcio-fósforo que favorece el desarrollo óseo y a su contenido de vitaminas, minerales y oligoelementos de alta biodisponibilidad.

Obviamente también necesita calorías que le den energía para crecer, correr y explorar, pero en su justa medida. Un crecimiento o engorde muy rápidos someterán su sistema esquelético a una carga excesiva que aún no está preparado para soportar. Por eso, conviene vigilar la cantidad de almidón del pienso o muesli que le suministremos y asegurarnos de que recibe un extra de aminoácidos, vitaminas y minerales.

 

 

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