La tradición ecuestre está muy asentada en toda la península ibérica. Muchas provincias españolas están salpicadas de centros hípicos, yeguadas y fincas particulares con caballos. El equino, que una vez fue animal de trabajo y transporte, se ha quedado en nuestras tierras como compañero de ocio y deporte.
Otra tradición también muy asentada en la península son las fiestas populares. Nos gusta reunirnos y disfrutar en compañía. Como se suele decir: cuantos más, mejor.
¿Y qué mejor que juntar dos tradiciones? Una fiesta a caballo es el plan perfecto para muchos caballistas en los meses más templados del año.
Estas fiestas caballares se presentan en diversos formatos, desde romerías hasta concentraciones, ferias o marchas, un poco en función de su propósito. En Andalucía, por ejemplo, son muy habituales las romerías en las que cientos de caballos y jinetes perfectamente engalanados se reúnen para peregrinar hasta un santuario en honor a una virgen o un santo.
Pero en esta ocasión vamos a centrarnos en Galicia, el hogar de Kelpies. A los gallegos nos va la troula —es decir, juntarnos un buen grupo para pasarlo bien— y, cómo no, a los caballistas gallegos les encanta ir de troula con sus monturas.
¿Cómo es una marcha ecuestre?
Las marchas —o xuntazas cabalares como decimos en las tierras galaicas— pueden estar organizadas tanto por una comisión de fiestas, si se celebran dentro del programa de una fiesta local, como por personas particulares o asociaciones caballares. La mayoría están programadas en los meses de abril, mayo y junio, cuando el calor aún no aprieta demasiado.
Estas xuntanzas son rutas de 15-20 kilómetros aproximadamente en las que se fijan un punto de encuentro, una hora de salida y un recorrido, que suele estar señalizado con flechas en el suelo, en rocas o en árboles, según el paisaje de cada lugar. Por lo general, a mitad de camino se hace una parada en un claro del monte o un prado para que los caballos descansen y los jinetes repongan fuerzas con bebidas y algún tentempié.
Además, como nos gusta alargar cada troula al máximo, al final de la ruta acostumbra a haber una comida o cena organizada, a veces seguida de una verbena, un espectáculo ecuestre e incluso yincanas o pruebas de habilidad con premios para los participantes. Una de las pruebas más populares son los concursos de barriles a la vaquera.
Si te animas a probar la experiencia, prepárate para esquivar ramas, quizás salvar algún riachuelo (o río) y, sobre todo, disfrutar en grupo al paso, al trote o al galope, a tu ritmo. Ah, durante las rutas es muy frecuente que haya alguien fotografiando a los binomios, que luego podrán recoger sus fotos a modo de recuerdo, así que igual te apetece salir al galope y sonreír para la foto.
Algunas rutas son gratuitas, otras tienen un precio simbólico para cubrir los gastos de organización y otras incluyen en el precio el coste del tentempié o la comida/cena.
¿Quién suele participar?
Grupos de amigos, peñas, miembros de asociaciones e incluso familias. Todo tipo de gente, de todas las edades, se reúne en el punto de encuentro para participar en estas concentraciones. Algunos salen de sus casas ya a caballo y otros, sobre todo los que vienen de municipios más lejanos, llegan en remolque.
A diferencia de los clubes hípicos, donde las mujeres ganan por goleada, en estas marchas casi podríamos hablar de paridad, aunque los hombres llevan la delantera. Una gran parte de los asistentes son jinetes que tienen a sus caballos en casa y, siempre que pueden, recorren los senderos de su zona con ellos. Pero también se unen algunas personas que practican equitación de pista y no quieren perderse esa sensación de libertad que ofrece un paseo (y, por qué no, un galope) en plena naturaleza.
En cuanto a los caballos, lo que más abunda son cruzados, árabes, anglo-árabes, españoles y trotones, desde potros hasta mayorcetes. En general, muchos caballos de alzada media, que facilitan el paso cuando el camino se estrecha o en zonas frondosas.
