La primavera no solo la sangre altera, sino que también transforma el paisaje y el contenido nutricional de lo que mordisquean nuestros caballos en el campo. Tras un largo invierno de lluvias y temperaturas bajas, el verde empieza a inundar los prados y a los caballos les cuesta resistirse al pasto fresco, oloroso y brillante.

Resulta tentador dejarles que disfruten a voluntad de esas hierbas que llevan tantos meses sin probar, pero antes de darles vía libre en su dieta, conviene saber que el pasto no tiene los mismos nutrientes todo el año y que no todo lo que reluce en el campo es oro en términos de alimentación. Esto es especialmente relevante es regiones húmedas y verdes como nuestra exuberante tierra gallega o las vecinas bañadas por el Cantábrico.

caballos pastando

Cómo es el pasto primaveral

Cuando se estrena la primavera, el pasto es una excelente fuente de hidratación para los animales por su elevado contenido de agua (hasta un 70–80 %). También llega cargado de proteínas brutas que estimulan el mantenimiento muscular, así como de vitaminas, antioxidantes y minerales que refuerzan su salud general.

Otro de sus valores nutricionales en esta época es un elevado índice de azúcares solubles y fructanos, que lo hacen especialmente apetitoso al paladar equino. Sin embargo, los azúcares son un arma de doble filo para el caballo: por un lado, le aportan vitalidad y energía rápida; pero, por otro lado, un exceso de azúcares predispone a problemas metabólicos o laminitis. Por eso, es fundamental controlar el acceso al pasto de nuestro caballo y buscar siempre el equilibrio nutricional.

El clima atlántico de Galicia y del norte peninsular favorece un paisaje verde de praderas extensas, equilibradas y persistentes,  lo cual se traduce en temporadas de pasto más largas y una alimentación más natural. En primavera, las especies más habituales en sus campos son el raigrás inglés (sobre todo en prados gallegos), que destaca por su excelente palatabilidad y por ser una gran fuente de proteínas y energía, aunque también es muy rico en azúcares en estos meses;  el dáctilo, que contiene fibra muy digestible y, por lo tanto, es perfecto para equilibrar mezclas de pradera; y el trébol blanco, que aporta proteína y resulta muy nutritivo, si bien es aconsejable mezclarlo con gramíneas para prevenir el timpanismo por un consumo excesivo.

En las regiones centrales y del sur peninsular predominan especies adaptadas a la sequía y con una vida corta, como el bromo o la festuca arundinácea. La primera tiene un contenido energético moderado, mientras que la segunda destaca por su cantidad de fibra y una concentración de azúcares moderada. La escasez de lluvias en estas zonas hace que el terreno se agote con rapidez en primavera, a medida que suben las temperaturas.

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Cómo gestionar el pasto

En Kelpies Galicia entendemos que la gestión del pasto es una parte fundamental del bienestar equino. El sistema digestivo del caballo está diseñado para consumir pequeñas cantidades de fibra de forma continua, así que un pasto de calidad no solo favorece su microbiota intestinal, sino que también reduce el estrés y contribuye al equilibrio emocional del equipo, puesto que pastar es su forma natural de alimentarse.

Cuando gestionamos bien los tiempos de salida al prado, promovemos la salud integral de nuestro caballo. Del mismo modo, saber qué aportan las diferentes hierbas en cada estación del año es una muestra más de respeto y responsabilidad hacia este delicado animal.

La primavera nos recuerda que el caballo es, ante todo, un herbívoro diseñado para vivir en conexión con la tierra. Permitirle pastar en un entorno cuidado y seguro es ofrecerle bienestar físico y mental, pero es importante mantener un equilibrio entre pasto y forraje seco, así como introducir el pasto de manera progresiva, controlar el peso corporal (atención a las barrigas prominentes) y observar el estado de los cascos a diario.

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