Los deportes, igual que los juegos, a menudo se consideran cosas de la infancia o la juventud. En cierto modo, la sociedad ha relegado la iniciación en un deporte a las primeras etapas de la vida, y parece que apuntarse al gimnasio es la única opción para las personas de mediana edad que nunca han practicado un deporte y quieren ponerse en forma o disfrutar de una actividad física.

Esta creencia está especialmente arraigada cuando se trata de deportes de riesgo, como puede ser la equitación. El mundo de la hípica, más allá de la profesionalización, está muy asociado a campamentos de verano y clases de tanda con ponis; es decir, se percibe como una actividad para niños que no se mantiene demasiado en el tiempo, pues muchos la abandonan cuando llegan a la adolescencia o la etapa universitaria.

Afortunadamente, la sociedad se está liberando del edadismo. Hoy son cada vez más las personas adultas que se aproximan al mundo ecuestre y descubren que aún no es tarde para aprender a montar.

clases equitación

No es tarde, pero tampoco es fácil

Debido a su profesión o forma de vida, los adultos tienen patrones de movimiento y hábitos posturales muy establecidos que afectan a su flexibilidad, la movilidad general de sus articulaciones y su capacidad para adquirir habilidades clave en la equitación, como pueden ser la disociación de movimientos o el equilibrio dinámico.

Redescubrir el cuerpo

Montar a caballo pone al cuerpo en situaciones poco habituales. No se trata tanto de fuerza y resistencia (que también son necesarias) como de coordinación, equilibrio y sensibilidad.

Algunos de los retos más comunes entre los deportistas adultos son la rigidez muscular, sobre todo en las caderas y la espalda baja; la falta de coordinación o independencia corporal para trabajar con las manos, las piernas y el tronco como piezas independientes del cuerpo; y la resistencia física para mantener una postura correcta durante la monta.

Por ejemplo, mantener el trote levantado durante varios minutos puede ser agotador al principio, y mover independientemente piernas y manos cuando el caballo cambia de ritmo puede resultar sorprendentemente difícil.

Sin duda la parte física es la que mayores retos presenta, pero con perseverancia y buen entrenador, es posible aumentar la movilidad, fortalecer el core y adquirir mayor conciencia corporal.

Gestionar el miedo y la necesidad de control

Si hay algo que diferencia claramente al adulto del niño es la percepción del riesgo. Donde un jinete joven ve una aventura, un adulto ve una caída, un accidente, una lesión. El miedo no es un obstáculo en sí mismo, pero mal gestionado será una gran barrera para progresar en la equitación.

A la hora de subirse a la montura, es importante aceptar cierto grado de incertidumbre, confiar en el caballo y asumir que el control absoluto no existe. Los equinos son seres extremadamente sensibles, por lo que el aspecto mental es crucial para que el caballo confíe en su jinete y conseguir así una práctica más segura para ambos.

jinete y caballo

Aprender más despacio, pero con buena letra

El adulto suele llegar a la hípica con expectativas más realistas, más capacidad de trabajo y una mayor tolerancia a la frustración, lo cual favorece un aprendizaje basado en la técnica, el respeto hacia los tiempos del caballo y la aceptación del proceso (sí, la curva de aprendizaje de la equitación es larga y está llena de recovecos).

Los adultos tienden a plantear preguntas para entender el porqué de cada indicación. Abordan el aprendizaje desde la comprensión del movimiento y la biomecánica del equino. Además, dada su mayor capacidad de concentración, les resulta más sencillo mantener el foco en lo que están sintiendo bajo su asiento y en las riendas, de modo que son capaces de reaccionar antes para corregir un movimiento.

Todo esto se traduce en una monta más respetuosa, que entiende los pasos para llegar a un objetivo sin tomar atajos.

Un paso que va más allá del deporte

Aprender a montar de adulto no es solo adquirir una habilidad nueva: es enfrentarse a límites físicos y mentales, salir de la zona de confort y aceptar que el progreso real lleva tiempo. Y precisamente por eso, cada pequeño avance se siente enorme.

Lejos de ser una desventaja, iniciarse en la edad adulta permite vivir la evolución con más conciencia, más intención e incluso más agradecimiento hacia el bello animal que hace posible este deporte.

Alex

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