El turismo ecuestre está viviendo unos años muy dulces. Hoy en día es posible recorrer a caballo los paisajes naturales de casi todo el mundo en viajes organizados por agencias, tanto locales como internacionales. En España, hay varios centros especializados en este tipo de turismo que nos permiten conocer nuestros montes, playas y montañas en rutas de distinta duración, desde dos días hasta una semana o incluso más tiempo en algunas ocasiones.

En Galicia, sin ir más lejos, nuestro embajador Finca Moreiras ofrece dos rutas a lomos de sus caballos PRG: una por la Sierra de la Groba, que se puede hacer en dos o tres días, y otra de seis días que cruza la frontera galaico-portuguesa. Adrián (el humano detrás de Finca Moreiras) también nos guía por países como Argentina, Marruecos o Kirguistán en las expediciones a caballo de Ojo de Nómada.

ruta a caballo

Cómo es viajar a caballo

La mejor palabra para definir el turismo ecuestre probablemente sea «aventura». En cierto modo, se parece al cicloturismo porque siempre estamos en movimiento, con la gran diferencia de que conlleva mucha más logística y hay que respetar los tiempos de un segundo ser vivo.

En un viaje así, no solo hay que transportar la comida y bebida de los jinetes, sino también la de los equinos, así como ramales, cabezadas, cepillos, limpiacascos… Por otra parte, los caballos de travesías saben hacer muy bien su trabajo y suelen ser bastante robustos y atléticos. No obstante, necesitan descansos cada cierto tiempo, sobre todo cuando transitamos terrenos exigentes como pueden ser las dunas o montañas con fuertes pendientes. Además, los imprevistos en forma de una herradura que se pierde o una piedra que se clava en el casco, por ejemplo, son compañeros de viaje a menudo.

El grado de aventura va a depender del tipo de viaje que elijas. En algunos, las noches se pasan en cómodos hoteles o casas rurales, mientras que en otros la pernoctación es en tiendas de campaña o jaimas que se portan de un punto al siguiente. En este último caso, debes estar preparado para vivir unos días con pocas comodidades: nada de largas duchas al final de la jornada, cenas con mantel o colchones mullidos. Aunque, sinceramente, es fácil olvidarse de esos pequeños inconvenientes cuando lo último y lo primero que ves cada día es la manada de caballos que hace posible tu aventura.

Sin duda, la emoción será uno de los principales ingredientes de la travesía. Por supuesto, el grupo de viajeros también va a determinar su intensidad y harás muchos kilómetros al paso, pero casi seguro que habrá largas galopadas por senderos, prados o playas, según tu destino. Y seguro que el caballo te sacará una sonrisa muchas veces, ya sea con su pericia trepando montaña arriba, un trote alegre, un belfo inferior colgando tras un buen cepillado o un buen revolcón en la arena.

caballo en la playa

Qué necesitas para tu aventura a caballo

Quizás resulte una obviedad, pero una de las cosas fundamentales es que sepas montar a caballo a los tres aires, para no ponerte en peligro ni aguarles la fiesta a los demás viajeros. Si llevas un tiempo montando, ya sabrás que el caballo no lo hace todo solo, por lo que es importante tener un mínimo de forma física para aguantar largas jornadas sobre la montura. Lo habitual es recorrer 20-30 km al día, lo cual puede suponer 5-6 horas de paso, trote y galope.

Por lo demás, necesitas lo mismo que cuando montas en casa. Un buen casco es siempre recomendable, igual que unos pantalones de montar cómodos y resistentes, guantes si los usas habitualmente, mucha protección solar y un buen repelente de insectos.  Si viajas en invierno o a países con grandes contrastes térmicos, también vas a necesitar ropa de abrigo y una prenda impermeable. ¿Y qué pasa con los pies? Por supuesto, puedes ir con tus botas de montar, pero la combinación de zapatillas de montaña y polainas es perfecta para pisar bien si tienes que llevar a tu caballo del ramal por un terreno complicado y para mitigar el calor en las paradas, ya que podrás sacarte las polainas y seguir calzado. Y bueno, te ahorras un bulto en la mochila.

Si organizas este tipo de travesías, quizás te interese saber que, además de los sacos clásicos de 20 kg, Kelpies también comercializa sus mueslis en envases de 10 kg termoformados al vacío y con asas que son ideales para estos casos por su formato reducido.

envase termosellado al vacío

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