El mar, la arena, el sol iluminando la línea del horizonte y un jinete galopando a lo largo una playa desierta.

Esta imagen de libertad forma parte del imaginario colectivo, tanto de jóvenes como de mayores. La hemos visto en el cine, en la tele y, más recientemente, en las redes sociales. Y a muchos nos gustaría reproducirla con nuestros caballos. Sin embargo, no es tan sencillo como subir el caballo al remolque y ponerse en marcha hacia el arenal más cercano, porque no podemos ir todo el año ni hacerlo sin antes haber acondicionado a nuestro compañero.

Legislación

Normalmente, la entrada de caballos a las playas es competencia de los ayuntamientos y está permitida fuera de los meses de baño, es decir, de octubre a mayo. También es habitual que se prohíba el acceso en días de mucha afluencia —debido a la celebración de un evento, por ejemplo— o en periodos vacacionales como Semana Santa. Además, la circulación con equinos por los arenales puede estar limitada en épocas de cría de aves, para no interferir en el proceso de reproducción y desarrollo de los polluelos.

Por último, hay que tener en cuenta que algunas playas son espacios naturales protegidos o tienen zonas dunares en regeneración, por lo que el acceso con caballos podría estar prohibido o como mínimo restringido. Y luego hay playas por las que se puede galopar durante todo el año, como la del Regatón (Laredo) en Cantabria.

La normativa suele estar recogida en las ordenanzas de convivencia ciudadana o en espacios públicos y es conveniente consultarla antes de aventurarse a cabalgar por un arenal. Ah, por supuesto, la ley obliga a recoger las heces si nuestro animal decide estercolar durante el idílico paseo, así que habrá que ser previsor y tener alguna bolsa a mano.

Preparativos

Ya sabemos a qué playa podemos ir y cuándo, pero ¿cuál es la mejor hora?, ¿nuestro caballo está preparado físicamente?, ¿qué zona de la playa es más segura? Vamos por partes.

La costa española está bañada por dos mares y un océano, por lo que las condiciones no son iguales en todas las provincias. En nuestras queridas playas gallegas, así como en las cantábricas, la marea es un factor muy importante a la hora de planificar la excursión. Lo ideal es acudir cuando la marea está baja y la arena cerca de la orilla empieza a estar dura, firme, para no sobrecargar los tendones y ligamentos de nuestro caballo.

En estas playas del norte peninsular, el oleaje es un segundo factor que debemos tener presente, sobre todo si nuestro equino no está acostumbrado al mar o lo va a descubrir por primera vez. Si una bolsa de plástico puede asustarle, imagínate lo aterradora que puede ser una masa de agua que se eleva sobre el nivel del mar para luego convertirse en ruidosa espuma que se esparce por la orilla. Y más si un surfista se desliza sobre ella. Como siempre, con los caballos, toda precaución en este sentido es poca. Si tu caballo se asusta de los charcos, quizás meterlo en playa no sea la mejor idea.

Por otra parte, la arena es un terreno blando, inestable, que exige un mayor esfuerzo físico a nuestros compañeros equinos, tanto a nivel muscular como de tendones y ligamentos. Por eso, antes de llevarlos a la playa, es importante asegurarse de que tienen la musculatura suficiente y están habituados a pisar todo tipo de terrenos, duros y blandos. Un caballo que no tiene una buena forma física podría extenuarse con el ejercicio sobre una superficie exigente como esta, donde avanzar cuesta mucho más que en un camino de tierra, por ejemplo. Además, si solo se mueve por terrenos duros, podría lesionarse fácilmente en la playa, ya que sus tendones flexores y ligamentos suspensorios no estarán preparados para soportar la carga de un terreno donde los cascos se hunden y las articulaciones tienen que hacer un mayor esfuerzo de flexión-extensión.

Esa es la razón también por la que se recomienda aprovechar la marea baja para pasear por la playa, porque la arena húmeda de la orilla estará más firme, la pendiente será menor y los caballos sufrirán menos. Ahí es donde podemos galopar nuestros caballos con mayor seguridad. La zona de arena suelta, donde solemos poner la toalla, es una opción fantástica para ir al paso con nuestro caballo si queremos trabajar su resistencia cardiovascular y física.

Riesgos y beneficios

Además del riesgo de lesión que comentamos en el apartado anterior, la arena puede esconder alguna piedra o roca que provoque el tropiezo del caballo, sobre todo si lo llevamos por el agua de la orilla, donde la visión de la superficie es peor.

En cuanto a beneficios, hay muchos. Desde el fortalecimiento muscular y de las estructuras conectivas (tendones, ligamentos y articulaciones) hasta el aumento de la resistencia cardiovascular o el cuidado de los cascos. El agua del mar tiene propiedades antisépticas que favorecen la cura de abscesos, infecciones de ranilla y otras pequeñas heridas de los cascos. A nivel mental, una vez que el caballo conoce el entorno, la sensación de libertad y amplitud que ofrece una playa es muy beneficiosa para su equilibrio emocional y confianza.

Cristina

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