El cuerpo de los caballos está pensando para moverse a los diferentes aires y recorrer grandes distancias. Se calcula que un caballo en libertad puede hacer fácilmente 15-20 km diarios solo buscando nuevos pastos. Ese simple ejercicio los mantiene en forma física, tanto a nivel muscular como cardiorrespiratorio.
Sin embargo, su físico no está diseñado para piafar o ir al trote extendido en una reunión perfecta diagonal tras diagonal ni para hacer recorridos de doce saltos con sus respectivas vueltas cerradas. Y menos aún si viven en una cuadra o un cercado pequeño del que apenas salen una hora al día, es decir, si están privados del movimiento natural que los fortalece sin cargas físicas ni mentales.
Por eso, es fundamental proporcionarles un entrenamiento completo que les permita muscular correctamente y desarrollar la capacidad aeróbica necesaria para la disciplina que practiquen, ya sea doma, salto, raid o completo, por ejemplo. No basta con repetir los ejercicios propios de la disciplina una y otra vez durante toda la semana: en la variedad está la clave de su bienestar físico y mental.
Un buen plan de entrenamiento cruzado, el cross-training tan de moda entre la gente deportista, es también la clave para sacar todo el potencial de un caballo.

Beneficios físicos
Al alternar diferentes disciplinas a lo largo de la semana, se obtienen los beneficios de cada una ellas, se reducen las carencias físicas y se evita la fatiga muscular, así como el estrés que causa la repetición de un mismo patrón de movimiento en músculos, articulaciones y tendones, ya que cada día estaremos trabajando distintos grupos musculares. De esta manera, nuestro caballo tendrá estructuras más fuertes y una mayor resistencia cardiovascular.
Los ejercicios de salto, como el trabajo con barras de tranqueo o los laboratorios a poca altura, mejoran la coordinación del caballo, le ayudan a equilibrar su peso atrás y le dan agilidad en las extremidades. Esto redunda en un mayor equilibrio horizontal.
Movimientos de doma clásica como la espalda adentro, las figuras, las cesiones a la pierna y las transiciones dentro de un mismo aire vuelven al caballo más flexible, además de mejorar su cadencia, su incurvación y su equilibrio vertical.
Los ejercicios de equitación de trabajo enseñan al caballo movimientos transferibles a casi todas las disciplinas. Por ejemplo, moverlo para abrir una puerta o sortear una entrada en zigzag es una manera de trabajar la cesión a la pierna o el giro sobre las manos en un contexto más distendido, incluso más natural, que el cuadrilongo.
El campo es excelente para potenciar la propiocepción del equino, porque tendrá que moverse por terrenos irregulares, superficies duras y blandas, subir y bajar constantemente cuestas de diferentes inclinaciones e incluso salvar obstáculos como un tronco caído, una zanja o un escalón natural. Esto mejorará también su equilibrio natural, fortalecerá su dorso, desarrollará sus músculos impulsores y aumentará su resistencia, tanto en rutas largas al paso como en sesiones más cortas con trabajo de galope. Sin lugar a dudas, las salidas al campo son uno de los entrenamientos más completos y que más posibilidades ofrecen al jinete.
El trabajo a la cuerda o en libertad no se puede dejar de lado tampoco, pues con él aprenden a equilibrarse, a usar su dorso de manera biomecánicamente correcta y a llevarse solos sin el peso ni la intervención del jinete.
Por último, lo mejor para reducir las agujetas tras un ejercicio intenso es el movimiento: la recuperación activa. Por ejemplo, el día de descanso podemos sacarlo a pasear tranquilamente del ramal para activar su circulación y permitirle aflojar o estirar sus fibras musculares.

Prevención de lesiones y estrés emocional
Este tipo de entrenamiento no solo reduce el riesgo de lesión en los tejidos blandos y las articulaciones, sino también el riesgo de artritis asociado a inestabilidad articular o traumatismos.
Los beneficios también son perceptibles en el plano mental. Un caballo que alterna rutinas físicas y tiene acceso a diferentes estímulos ambientales estará mucho más motivado a la hora de trabajar, no estará aletargado por el aburrimiento ni sentirá el estrés de afrontar un mismo ejercicio exigente cada vez que le ponemos la cabezada. Su fatiga mental será menor y, con el tiempo, se volverá más valiente, tendrá más seguridad en sí mismo porque se siente fuerte físicamente y conoce lo que hay más allá de la pista de entrenamiento.
